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Curro Guillén fue el único torero muerto en
la Plaza de Toros de Ronda. Se llamaba Francisco Herrera
Rodríguez y había nacido en Utrera en el año 1.783. Su padre,
Francisco Herrera Guillén, también fue torero, así como su
abuelo, Francisco Herrera, contemporáneo de Pedro Romero. Por la
parte materna, sus tíos (Cosme y José María) eran
banderilleros y su abuelo, tío de Costillares. Con esta breve
reseña, vemos que era un torero de dinastía. En el trato
personal era de carácter alegre y lleno de simpatía.
Físicamente, su figura era apuesta, gitana, muy elegante. En el
sentido profesional, su toreo era templado y con mando, de la
escuela rondeña, aunque era sevillano, quizás imitando a Pedro
Romero. Viviendo en la época de la dominación francesa, fue un
patriota; así se deduce cuando los franceses solicitaron a Curro
Guillén su adhesión y éste no acudió, siendo fichado de
antifrancés, aunque en 1.811 fue obligado a torear una vez para
los franceses, actuando de picador, pero, acto seguido emigró a
Portugal. Regresó a España de su destierro voluntario en el
año 1.814, consiguiendo triunfos tanto en los ruedos portugueses
(sobre todo en el de Santa Ana) como en los españoles, siendo
herido dos veces: en 1.816 de una cornada en el ano, y en el año
1.818 en el ruedo de Salamanca. Su año de gran esplendor fue
1.819 y en mayo del año siguiente moriría en Ronda. En el año
de su muerte, 1.820, tenía contratadas en Madrid seis corridas,
que no pudo torear por el Alzamiento de Riego en Las Cabezas de
San Juan, aunque sí lo hizo en Cádiz celebrando el triunfo de
La Constitución (La Pepa); en aquella corrida gaditana se
hundieron varios tendidos de la plaza, teniéndose que matar los
toros a tiros. Con la suspensón de los festejos, Curro Guillén
se trasladó a Ronda para torear la corrida que sería la última
de su vida.
Para los rondeños, la figura de Curro Guillén
tiene un significado especial, tanto que tiene dedicada una
calle; y es que su muerte conmocionó a toda España. Hoy,
después de tantos años, el relato de su muerte sigue
produciendo sensación, tanto por haber muerto en la Plaza de
Toros de Ronda, como en la forma en que se produjo el suceso.
20 de Mayo de 1.820: Ronda está en el punto de
mira de los aficionados españoles. Aquí se sabe de toros mejor
que en otros sitios. El arte de Pedro Romero creó la Escuela
Rondeña y no gusta otro toreo que no sea éste. Quizás por la
rivalidad entre Pedro Romero y Pepe-Hillo la Escuela Sevillana no
está bien vista en Ronda. Curro Guillén, sevillano de Utrera,
era esperado con recelo a pesar de hacer un toreo próximo al
rondeño. En los carteles se anuncian toros de José Rafael
Cabrera, para los matadores sevillanos Curro Guillén y Juan
León. Al hacer el paseíllo, algunos aficionados increpan a los
toreros, sobre todo a Guillén por tener más fama. Salió el
primer toro, de pelo retinto, blando y flaco, con siete años de
vida, al que solo le pusieron tres varas (Joaquín Zapata,
Sebastián Míguez y José Doblado) y cuatro pares de banderillas
(El Fraile de Santa Lucía y Costuras, padre de Cúchares). La
corrida discurría con normalidad mientras Curro Guillén
toreaba, aunque, desde los tendidos, un grupo de aficionados,
dispuestos a entorpecer la lidia, expresaban frases de mal gusto
contra los sevillanos; un tal Manfredi, principal alborotador,
decía: "Señor Curro, ¿será preciso que lo amarremos a
usted?". Era el momento de entrar a matar y Curro Guillén
buscaba entre el público al individuo vociferante. Manfredi,
amparado de forma cobarde entre el graderío, insistía:
"Reciba usted a ese torito". Curro, con la espada en la
mano, se fue hacia el toro; estaba nervioso e indignado por las
frases de Manfredi, pues deseaba quedar bien y dar una lección
de su toreo. Quizás se dejó llevar por la irritación y
propinó a la fiera una estocada defectuosa, un bajonazo al lado
contrario; a su vez recibió una cornada en el muslo derecho; el
toro se deshizo de él arrojándole contra las tablas, pero, de
nuevo, arremetió contra Curro Guillén, enganchándole con el
cuerno izquierdo, que se introdujo en su muslo derecho. El color
rosa del vestido de torear del sevillano se tornó rojo de su
misma sangre. Antes de la segunda cogida, su compañero Juan
León se había arrojado a la cuna de los cuernos, siendo
enganchado por el hombrillo derecho con el otro cuerno. Llegó el
momento en que el toro transportó, hacia el centro del ruedo, a
los dos toreros enganchados de sus astas; en los medios los
arrojó a la arena. Curro se puso en pie y, con paso vacilante,
se dirigió a la enfermería; Juan permanecía tendido en el
suelo, algo conmocionado, pero sin lesión alguna. Al llegar
Curro a la barrera, recibió el apoyo de su amigo Francisco
Caamaño, contratista de caballos; una vez en el callejón,
camino de la enfermería y en los brazos de Caamaño, Curro
Guillén expiró.
Contaba el pueblo que Curro Guillén fue
enterrado en la misma Plaza de Toros de Ronda donde murió. Todo
parecía leyenda, pero en una de las últimas obras de reforma
del coso rondeño, se encontró un enterramiento, haciendo
suponer que la leyenda era tan cierta como la trágica historia
que les acabo de contar.
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