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PASEO TURÍSTICO POR LA CIUDAD DE RONDA
Nos situamos en el Hotel Reina Victoria para iniciar nuestro
recorrido. Es una reliquia de estilo inglés. Su categoría es de “cuatro
estrellas”; propiedad de la desaparecida Caja de Ahorros de Ronda (hoy UNICAJA), está regentado por la cadena de hoteles “HUSA”. Se localiza en la
calle Jerez.
HOTEL REINA VICTORIA
Se construyó a
principios del siglo XX. El incipiente ferrocarril Algeciras-Ronda, provocó
el entusiasmo de los habitantes de Gibraltar por desplazarse hasta nuestra
Ciudad, sobre todo en fiestas como Navidad o Semana Santa, por lo que la
empresa “Iberian and Mediterranean Hotels Company” manda la construcción del
Hotel, que lo explota con gran éxito.
El Hotel Reina
Victoria se compone de un bello complejo, donde no solo cabe resaltar su
arquitectura, sino su extraordinaria situación, pues se sitúa muy próximo al
borde del Tajo de Ronda; está rodeado de unos encantadores jardines y, en su
construcción primitiva, se conectaba con la Alameda por un camino que
discurre al mismo borde del abismo y que se denomina “Paseo de los
Ingleses”.
Muchas han sido
las personalidades que se han alojado en el Hotel Reina Victoria, por
ejemplo, en él se han vestido todas las figuras del toreo que han actuado
en Ronda, el Rey Alfonso XIII pernoctó el 4 de marzo de 1.909, o el poeta
Rainer María Rilke que se hospedó en él durante varios meses entre los años
1.912 y 1.913; de Rilke se conserva con esmero la habitación que ocupó en su
estancia en Ronda y donde escribió algunas de sus obras; en los jardines del
Hotel, se erigió un monumento en su memoria, que puede visitarse,
consistente en la estatua de su persona en tamaño natural.
La estancia en
el Hotel Reina Victoria es para el viajero un acontecimiento romántico,
situado casi en el centro de la Ciudad, ofrece al visitante unas
extraordinarias vistas de la Serranía, un silencio que invita a la
reflexión, un ambiente romántico por su contenido y entorno, una gastronomía
singular por su exquisita cocina, una piscina al aire libre para los meses
estivales y un amplio aparcamiento para sus huéspedes.
IGLESIA Y CONVENTO DE LA
MERCED
Si partimos del Hotel Reina Victoria, calle Jerez abajo, por su
misma acera,
llegamos a una plazoleta donde se ubica la Iglesia de Nuestra
Señora de la Merced, aledaña al Convento de clausura de Monjas Carmelitas,
que la conservan con un celo especial, digno de la Orden Carmelitana.
La fachada
principal de la Iglesia se sitúa sobre una amplia escalinata, que da a un
recinto llano, bordeado por su parte derecha con una barbacana, para acceder
al interior del templo por una amplia portada sobre la que se sitúa una
hornacina.
En su interior
se guarda celosamente la Mano de Santa Teresa, que antes de la Guerra Civil
se conservaba en Ronda y en la contienda militar fue sustraída y trasladada
a Málaga; allí fue encontrada por las tropas del bando Nacional y entregada
al General Francisco Franco Bahamonde, que la conservó hasta su muerte en el
Palacio del Pardo, en Madrid, sobre un mueble de su habitación; en
determinadas ocasiones se hizo acompañar de la Santa Mano en algunos de sus
desplazamientos. Muerto Franco en 1.975, la Mano de Santa Teresa volvió a su
“hogar” rondeño, donde se puede venerar por los devotos y cuida por la
comunidad de Carmelitas.
Las Monjas
Carmelitas, en su clausura, realizan una exquisita y típica repostería de
dulces que venden a una amplia y escogida parroquia de rondeños que gustan
de saborear sus productos, como el “pan rondeño”, “magdalenas”, “bizcochos”,
“borrachuelos”, “carne de membrillo” y otras delicias. Los visitantes pueden
adquirir estos productos a través de un torno que comunica con la clausura,
situado al fondo del lateral izquierdo de la Iglesia. También pueden
contemplar la Mano de Santa Teresa fuera de los horarios de culto,
preguntando el momento más oportuno en el mismo torno, por una entrada
lateral del convento.
Los días
festivos, se puede escuchar la Santa Misa a las 9 y media de la mañana.
Próximo a este
lugar existe un aparcamiento de automóviles, subterráneo, con dos niveles,
de gran capacidad.
ALAMEDA DEL TAJO
Al salir de
nuestra visita de devoción carmelitana, siguiendo por la misma acera, justo
enfrente de la Iglesia de la Merced, en la calle Virgen de la Paz,
antiguamente San Carlos, nos encontramos con los bellos jardines de la
Alameda del Tajo, que guardan una extensa variedad de flora, entre ella
árboles centenarios. Varias fuentes alegran el entorno. Asientos de piedra y
forja permiten un relajado descanso. Posee un pequeño escenario usado,
generalmente, para conciertos de la Banda de Música. Un pequeño estanque
alberga a un grupo de patos, que hacen la alegría de los niños. La antigua
Casa del Guarda ha sido remodelada para actividades municipales. En un
rincón se han instalado unos servicios públicos, propios para las
necesidades de los visitantes.
Este paseo
rondeño tiene su origen en 1.778, si bien no se llevó a cabo hasta 1.806,
financiándose, en parte, con el dinero obtenido por las multas que se
impusieron a quines decían frases obscenas. Desde entonces ha sufrido varias
remodelaciones, pero sin abandonar su primitiva estructura y diseño.
A la entrada
nos encontramos con el monumento de dedicado a Pedro Romero; se trata de una
estatua realizada en 1.957 por el escultor Vicente Bolós. Pedro Romero fue
un matador de toros nacido en 1.754; pertenecía a la primera dinastía de
toreros rondeños, considerado el más importante, no solo de su familia, sino
de los toreros de su época; contemporáneo de Pepe Illo, fue el primer
director de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla por mandato del Rey (sobre
la Escuela de Tauromaquia debemos agregar que el 7 de julio de 1.830, se
inserta una Real Orden para su creación, disponiendo, además, que todas las
Maestranzas, incluida la de Ronda, contribuyan con 200 reales por corrida)
Pedro Romero murió en Ronda, en una casa de la calle San Carlos, cercana al
monumento en su honor, en 1.839, a la edad de 85 años. Como dato curioso,
hay que recordar que, de los 8.000 toros que mató en su vida, jamás fue
herido por ninguno de ellos, creando un modo de torear que se ha dado en
llamar “la escuela rondeña”.
El recinto de
la Alameda del Tajo alberga dos edificios contemporáneos: Casa de la Cultura
y el modernísimo Teatro Municipal de reciente construcción.
Al fondo del
paseo nos encontramos con una amplia balconada que nos asoma al abismo. Se trata de una espectacular vista de la Serranía que sobrecoge el ánimo, al
ser contemplada desde una altura, sobre una pared vertical, de casi cien
metros hasta el cauce del río Guadalevín; en el fondo se aprecian algunas
huertas y las instalaciones de una compañía eléctrica. Donde se quiebra el
horizonte, aparece una de las dos iglesias rupestres de Ronda, con su
pequeña ermita de la Virgen de la Cabeza.
Siguiendo la
balconada al borde del Tajo hacia la derecha, podemos contemplar el paisaje
serrano transitando por el Paseo de los Ingleses (antiguamente comunicado
con los jardines del Hotel Reina Victoria). A la izquierda, otro pequeño
paseo nos comunica con los Jardines de Blas Infante.
PLAZA DE TOROS
Volviendo a la salida de la calle San Carlos, continuamos por la
acera de la derecha (números impares). A pocos metros nos tropezamos con las
instalaciones de la Plaza de
Toros, propiedad de la Real Maestra de
Caballería de Ronda, que es la institución maestrante más antigua de España
(1.572 por Felipe II). Un pequeño ensanche nos indica que estamos en el
lugar llamado El Picadero, donde contemplamos las estatuas de dos insignes
toreros, pertenecientes a otra Dinastía rondeña: Cayetano Ordóñez “Niño de
la Palma” y su hijo Antonio Ordóñez, cuyo recuerdo perdura en los
aficionados a la fiesta taurina, por haber sido dos grandes figuras de la
tauromaquia contemporánea.
Desde este
lugar se puede apreciar la redondez de coso taurino que esconde la fachada.
La portada es monumental de estilo neoclásico con detalles barrocos: es un
arco de medio punto que se centra entre dos columnas. Sobre el arco de
piedra existe un balcón adintelado que defiende un bellísimo trabajo de
forja con motivos taurinos. Arriba podemos contemplar el escudo maestrante
labrado sobre piedra. Es la “puerta grande” por donde salen los toreros en
los días de triunfo.
Siguiendo
nuestro recorrido por la redondez exterior del edificio, llegamos al rincón
de la puerta que da acceso al patio de caballos; por aquí podemos comenzar
la visita turística del interior de la Plaza, previo pago de la entrada
correspondiente. Si bien este coso taurino no es el más antiguo de España,
su ruedo si es el más grande. Los toriles están debajo de la Presidencia,
hecho curioso porque en todas las plazas están contrapuestos. Aquí se
conservan, aún, los accesos a las gradas desde el ruedo, recordando cuando
los espectadores ocupaban la arena antes del espectáculo, hasta que los
alguaciles hacían el despejo. Tiene un Palco Real, que solo se abre cuando
llega a la Plaza un miembro de la Monarquía Española. Hasta hace poco
existía un completo Museo Taurino, que ha sido desmontado (parece que en
fase de nueva ubicación) y sustituido por una sucinta y moderna exposición
de los propietarios de la Plaza, la Real Maestranza de Caballería de Ronda.
Haciendo una
breve historia del recinto, digamos que en 1.769 el Ayuntamiento cedió a la
Real Maestranza los terrenos para que construyera una plaza de toros en el
lugar llamado Hoyanquilla, que entonces estaba deshabitado, sin permiso del
Rey. Comenzó la construcción y en 1.780, por hechos consumados, la Casa Real
permitió que continuaran las obras. Finalizado el primer piso de gradas con
sus arcos de piedra, en 1.784, los rondeños se indisponen con los
maestrantes y paralizan las obras; aún así, se pudo celebrar el primer
espectáculo taurino el 12 de mayo, que terminó en tragedia, al derrumbarse
16 arcos en construcción, “por el forcejeo de un soldado de milicias con una
de las columnas, muriendo él y 9 espectadores más, con más de 12 heridos
graves y 37 contusos”. Por fin, gracias al arquitecto Martín Aldehuela, se
terminó el segundo piso y, en 1.785, se inauguró la Plaza, que se realizó
con piedras de la cantera del Toro y madera de Pinsapo.
En la
actualidad, la Plaza de Toros, propiedad de la Real Maestranza de Caballería
de Ronda, se utiliza más como atracción turística, ya que son escasos y muy
limitados los espectáculos taurinos que en ella se desarrollan. El único
evento taurino de importancia es la Corrida Goyesca en el mes de septiembre,
coincidiendo con la Feria de Pedro Romero. Siendo plaza de tercera
categoría, con un limitado aforo, la concurrencia es masiva y encontrar una
entrada para este espectáculo se ha convertido en una aventura que hay que
comenzar con mucho tiempo de antelación.
JARDINES DE BLAS INFANTE
A la salida de
la Plaza de Toros nos encontramos en los Jardines de Blas Infante, que
tienen unos excelentes miradores al borde del Tajo.
En este recinto
hay instalado un antiguo “quiosco de música”, de hierro, que posee un bonito
diseño. Su utilidad es de adorno, pues no es corriente que la Banda de
Música realice aquí sus conciertos.
En la parte
derecha, al borde del Tajo, existe un Auditorio donde se pueden realizar
actividades culturales en verano, pues está construido al aire libre. Su
instalación es reciente y está excavado en el mismo terreno, rebajado sobre
el nivel de superficie, teniendo el escenario en el filo del abismo.
En este lugar
existe un aparcamiento de automóviles vigilado, en superficie, que solo
funciona durante el día, quedando libre de vigilancia por las noches.
Siguiendo el
borde del Tajo hacia la izquierda, vemos la parte trasera del Parador de
Turismo. Si nos dirigimos hacia él, veremos un camino asfaltado que bordea
el edificio y que discurre por la cornisa del Tajo, descubriendo un bello
panorama que se introduce en la depresión natural, con un corte vertical
hacia la profundidad del río Guadalevín que corre en el fondo del abismo. El
camino está defendido por un muro de piedra para evitar accidentes, aunque
hay que poner especial atención, pues en determinadas ocasiones los
accidentes de personas descuidadas han sido mortales.
Antes de llegar
a su final y salir a la plaza del Parador, descubrimos una parte del Puente
Nuevo.
PUENTE NUEVO
Ronda está situada en una elevada meseta. En su trazado urbano
se divide en dos partes, separadas por la profundidad del Tajo, donde
discurre el Guadalevín. Estas dos partes (Mercadillo: parte nueva, que hemos
visitado, y Ciudad: parte antigua) solo se unen por tres puentes, siendo el
Nuevo el más importante para el transito de los ciudadanos y el más
espectacular por su increíble altura y bonito diseño.
La historia de
este puente comienza cuando obligó la necesidad de paso desde la Ciudad al
Mercadillo. Se construyó un primer puente de un solo ojo, pero duró poco
tiempo, ya que, por su falta de solidez, se derrumbó. Sobre la raíz de la
primera obra, se construyó el segundo, gracias al arquitecto Martín de
Aldehuela (nacido en Teruel y enterrado en Málaga). Los trabajos se
terminaron en 1.793, aunque en 1.808 se hundió una parte que tuvo que ser
reparada. La fotografía de la impresionante arquitectura del Puente Nuevo de
Ronda ha dado la vuelta al mundo, por lo que es muy conocido.
Su fábrica es
de piedra y cuenta con tres ojos. El primero, e inferior, deja paso a las
aguas del Guadalevín: encima de él, se centra el más esbelto que sostiene un
bello recinto, con sendos balcones a ambos lados que se asoman al abismo,
que ha tenido, a lo largo de su historia diferentes utilidades; otros dos
ojos laterales rematan su bellísimo diseño. Sobre ellos discurre la calzada
que une las dos partes de Ronda. Se defiende del abismo con trabajados muros
de piedra y huecos discontinuos, tapados con rejas de forja rondeña
diseñadas de tal manera que permite contemplar el fondo del precipicio sin
riesgo de caída.
El recinto
existente entre el arco central y la superficie del puente, tiene acceso
desde un ojo lateral, mediante una estrecha y empinada escalera. En una
época fue utilizado como cárcel; con posterioridad, alrededor de 1.970,
existía un mesón restaurante, servido por camareros vestidos de bandoleros.
Era un bello rincón típico de la gastronomía rondeña del siglo pasado que
hoy no existe. Su acceso para ser visitado en la actualidad es a través de
una escalera metálica, que sustituye a la antigua escalera de piedra, que
nos lleva al primer ojo del puente.
Una vez
situados sobre el puente, podemos apreciar el espectáculo que nos ofrece la
profundidad del río encauzado entre sus hondas paredes verticales, las casas
colgantes y el restaurante Don Miguel con sus terrazas para disfrutar de su
esmerada cocina asomados en el borde del Tajo.
CONVENTO DE SANTO
DOMINGO
Al atravesar el
Puente Nuevo, nos topamos en la acera de la izquierda con el edificio del
Convento de Santo Domingo, que tras las obras de restauración se convierte
en un caserón destinado a actividades municipales.
Este antiguo
convento fue mandado construir por los Reyes Católicos en 1.485. Cuenta la
leyenda que aquí estuvo el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición,
aunque no es cierto ya que el citado Tribunal no tuvo nunca su sede en
Ronda, si bien mantenía una casa donde los inquisidores locales tenían su
sede y que estaba en la calle Ramón y Cajal, más conocida por los rondeños
como calle Cruz Verde debido, precisamente, a la Inquisición. La Portada de
esta casa (hoy desaparecida) se puede contemplar, después de su recuperación
y traslado, en la calle Real, dando paso al edificio denominado Patio de
Santa Ana.
En acceso principal al antiguo convento es una portada con bella puerta
de hierro, muy trabajada, que abre paso al patio interior porticado. En la
parte posterior del edificio se haya la antigua iglesia, con portada en
piedra y dos escudos de la Orden de Dominicos. El techo del templo posee un
espléndido artesonado. Una cripta guardaba infinidad de enterramientos,
siendo el principal de ellos el que contiene los restos de los marqueses de
Moctezuma, descendientes de los aztecas mejicanos.
Al pasar del
Convento de Santo Domingo, pisamos ya la calle Armiñán por la acera de la
izquierda, para adentrarnos en el “casco viejo”, o La Ciudad como se
denomina en Ronda.
MUSEO LARA
A pocos metros
de Convento, en un ensanche de la calle Armiñan, aparece el Museo Lara, de
iniciativa privada, donde se reúne una extensa colección de piezas antiguas
de todos los géneros. Es recomendable para los aficionados a las
antigüedades.
MINARETE ÁRABE
Continuando
nuestro recorrido por la acera de la izquierda de la calle Armiñan, nos
encontramos con la plazoleta de San Sebastián. Aquí se conserva un Minarete
Árabe que nos hace recordar las llamadas a la oración del Islam, a un pueblo
que, antes de la
Reconquista, perteneció durante varios siglos a esta
doctrina.
Aunque Ronda
fue, como decimos, varios siglos de dominio árabe, pocos son los vestigios
que nos recuerdan a esta civilización y cultura, dada la importancia que
tuvo nuestra ciudad en esta época. Algunos, solo algunos ejemplos, nos traen
recuerdos de la Ronda anterior a su reconquista cristiana. Abul Beka, o
Abril Beka para algunos, fue un poeta “rondeño” que nos relata en sus
escritos el Alándalus que vivió, aunque nada tangible. En el templo de Santa
María también hay vestigios de la antigua mezquita. En algunos yacimientos
arqueológicos se han descubierto restos de la civilización árabe, como
necrópolis, restos de edificaciones y conducciones de agua. Aún así, lo más
destacado en Ronda es el Minarete de San Sebastían, la Casa del Gigante
(auténtica y única en la ciudad), los Baños Árabes, las Murallas y poco más.
Del Minarete
diremos que perteneció a una mezquita musulmana que, tras la reconquista de
Ronda por los Reyes Católicos, se transformó en la iglesia parroquial de la
collación de San Sebastián. En la actualidad solo queda la torre que
contemplamos.
Si continuamos
por la acera de la izquierda de la calle Armiñán, podemos adentrarnos por la
siguiente calle, estrecha, que nos conduce a una parte de la Murallas
reconstruidas.
MURALLAS
Si pudiéramos
contemplar a Ronda desde una vista de pájaro, y volar en su alrededor,
veríamos que está situada en un lugar de privilegio, sobre todo para sus
habitantes de siglos pasados, pues tiene una defensa natural contra sus
enemigos; casi toda ella está defendida por el Tajo, pared inexpugnable ante
cualquier enemigo. Aún así, tiene una parte vulnerable que carecía de esta
defensa natural. Como consecuencia se construyó una muralla en los lugares
que los enemigos podían atacar con facilidad. De esta forma quedaban sus
habitantes a cubierto ante las posibles incursiones hostiles de sus
adversarios. Para entrar y salir de esta ciudad fortificada se habilitaron
varias puertas de acceso que se cerraban por la noche o ante cualquier
eventualidad.
Si en nuestra
visita contemplamos ya las murallas de la parte norte, veremos que está
reconstruidas (no pasa así con las de poniente). Esta obra faraónica nos da
idea de como estaba defendida Ronda y nos transporta a la etapa musulmana de
la historia rondeña, si sabemos jugar con la imaginación y nuestros
conocimientos históricos.
Siguiendo el
curso de las murallas hacia la derecha, veremos al fondo la Iglesia
Parroquial del Espíritu Santo, que se encuentra dentro del recinto
amurallado. Allí nos dirigimos.
IGLESIA DEL ESPÍRITU SANTO
Fernando el
Católico intentó el asalto a la ciudad utilizando todos sus conocimientos
militares de su época; desde el día 8 de mayo de 1.485, en que comienza el
asedio dirigido por el Rey que se había ubicado en el actual colegio de San
Francisco, los ataques de sus más de 36.000 hombres y un potente arsenal de
artillería, no consiguieron el objetivo hasta el día 22, día del Espíritu
Santo.
Fue tanto el
alborozo por la victoria conseguida que, el Rey Fernando ordenó la
construcción de un templo en honor del Espíritu Santo, inmediatamente
después de las murallas por las que lograron romper la resistencia,
poniéndole su nombre.
La Iglesia del
Espíritu Santo, hoy Parroquia del Barrio de San Francisco, fue levantada
sobre los restos de una edificación árabe. Suponemos que la Orden Real se
llevaría acabo con gran rapidez y las obras comenzarían en ese mismo año, o
en 1.486, pero no se terminaron hasta 1.505, según nos cuenta el jiennense
Juan José Moreti en su Historia de la Ciudad de Ronda.
Su fábrica es
de piedra. Solo tiene una nave a la que se accede por una puerta centrada al
fondo. El exterior nos ofrece un aspecto fortificado, quizás pensado ante
las necesidades bélicas de la época.
En la
actualidad se halla preparada para ser visitada por el turismo, pues se han
expuesto gran cantidad de enseres y ornamentos que permanecían ocultos y
guardados para su conservación.
Los días
festivos se puede asistir a la Santa Misa, a las 12 del medio día.
PLAZA DE SAN FRANCISCO
Tras abandonar
nuestra visita a la Parroquia del Espíritu Santo, salimos fuera del recinto
amurallado por la Puerta de Amocábar que, tras su reconstrucción, conserva
el sabor de la vieja puerta árabe por la que entró el Rey Fernando el día
que tomó Ronda para su reino.
Se abre aquí una amplia plaza, llamada Ruedo Alameda, aunque popularmente es conocida
como de San Francisco, punto neurálgico del Barrio de su nombre. Tiene este
barrio rondeño su propia identidad, pues fue creándose como consecuencia del
mercado que se formaba extramuros con el fin de no pagar los impuestos
exigidos por establecerse en la población interior. En sus alrededores había
gran cantidad de viñas, hoy desaparecidas.
Tiene la plaza
su raigambre taurina, pues en una de sus casas nació el matador de toros
Pedro Romero; una lápida en su fachada así lo certifica. En un lateral de la
plaza se ha erigido un monumento dedicado a la memoria del genial torero
rondeño.
Podemos admirar
en esta Plaza de San Francisco los restos de la Iglesia de la Virgen de
Gracia, patrona de la Real Maestra de Caballería de Ronda. Este edificio ha
sido utilizado, hasta hace poco tiempo, como colegio.
La plaza y su
pasado taurino, está ligada a los comienzos del toreo cuando los caballeros
de la Real Maestranza celebraban aquí sus juegos a caballo con toros que les
servían de ejercicio para estar buena en forma física. Para presenciar esta
actividad, acudían los rondeños en masa, de tal manera que se convirtió en
su espectáculo favorito. Llegó el momento en que el Rey quiso prohibir estos
ejercicios ecuestres, pero los maestrantes, haciendo oídos sordos, seguían
ejercitándose a caballo en el manejo de las armas con el acoso de toros
bravos.
Se cuenta que,
en esta plaza, siendo el abuelo de Pedro Romero mozo de un maestrante, al
que ayudaba a pie retirando o acercando el toro al caballero. Tuvo su señor
un accidente siendo derribado por el acoso de un toro; fue el abuelo de
Pedro Romero el que, con su prenda de vestir, pudo retirar a la fiera,
salvando la vida del maestrante. Ante la grave situación vivida, los
caballeros maestrantes aceptaron la prohibición del Rey y dejaron de
ejercitarse a la manera referida. Esto supuso un hecho decepcionante para
los rondeños, que se habían acostumbrado a presenciar las funciones
“taurinas”. Fue tanta la presión popular que el abuelo de Pedro Romero tuvo
la idea de continuar los juegos con los toros sin los caballeros maestrantes
y, a pie, siguió con los espectáculos, inventando el toreo que derivó en el
actual toreo moderno. Por esto Ronda se considera la Cuna del Toreo a pie,
que se inició en esta plaza.
BAÑOS ÁRABES
Para continuar
nuestro recorrido por la ciudad de Ronda, es aconsejable utilizar un calzado
cómodo y adecuado, porque vamos a dar un paseo extramuros. Vemos la
indicación que nos lleva a la carretera en dirección a la Costa del Sol (San
Pedro de Alcántara y Marbella); debemos dirigirnos por este camino. Pasada
la Estación de Servicio se abre un camino hacia la izquierda, por el llamado
Arroyo de las Culebras, que es el que debemos tomar para descubrir la bella
panorámica de la Ciudad y sus Murallas vista desde el exterior. Pasaremos
por un rústico taller de cerámica, que está fuera del recorrido turístico
tradicional, donde quizás nos atraiga comprar alguna pieza que acaba de
salir del horno de cocción.
Llegamos, al
fin, a los Baños Árabes. Ronda tenía, según los escritos, varios baños en la
época musulmana, como ciudad importante que era, pero todos permanecen en el
anonimato de su ubicación. Solo estos, que fueron descubiertos en la segunda
mitad del siglo XX, son el testigo fiel de lo que fue la vida social en la
Ronda árabe, donde el baño tenía un gran sentido religioso. La situación de
este establecimiento con respecto a la ciudad tenía su sentido para tener un
abastecimiento de agua abundante de un modo fácil, subiendo el agua del
Arroyo de las Culebras mediante una noria. Se localizaba en el antiguo
Barrio de San Miguel, y más antiguo de Curtidurías y Judería.
Vemos en
nuestra visita que su estructura es similar a cuantos baños conocemos de la
época musulmana en otras localidades: salas abovedadas de ladrillo, sobre
pechinas, con luceros en forma de estrella. La solería también es de factura
árabe. La reconstrucción de estas ruinas está siendo muy costosa hasta
conseguir que, al finalizar las obras, queden con la misma arquitectura que
pudieron disfrutar sus usuarios hace unos seiscientos años.
A la salida de
los Baños Árabes vemos la pequeña Ermita de la Santa Cruz y arriba la ciudad
de Ronda, en lo alto si miramos al cielo, como un lugar de ensueño, de
cuentos de hadas, a la que debemos volver a través de unas empinadas
escaleras en piedra, que nos conducen al segundo de los tres puentes que
tiene Ronda.
FUENTE DE LOS OCHO CAÑOS
Situados sobre
el puente (llamado Puente Viejo y construido en 1.616) al que nos llevaron
las empinadas escaleras, podemos observar varias panorámicas: por un lado y
en
nivel inferior, el tercer puente (el más antiguo de los tres) y su
entorno por el que discurre el arroyo; al otro lado del puente, donde se
abre la garganta que divide a la ciudad, abajo, vemos el lugar donde nace
gran cantidad de agua y que alimenta al río Guadalevín (antes lo hacía para
la ciudad de Ronda); a la izquierda, la subida al casco antiguo y
monumental; a la derecha, la Parroquia de Nuestro Padre Jesús y la Fuente de
los Ocho Caños; si subimos por la calle escalonada que encontramos paralela
al cauce del río, podemos disfrutar de una extraordinaria vista de la
garganta del Tajo entre los jardines allí escondidos; estos Jardines se
llaman de Cuenca. No olvide visitarlos antes de abandonar la zona, porque se
perdería una vista de ensueño que jamás olvidará.
La plaza que se
abre para llegar a la Fuente que ya divisamos delante de una Iglesia, antaño
fue testigo de corridas de toros, como ocurría en la Plaza de San Francisco
y, como después veremos en la Plaza de la Duquesa de Parcent.
Antes, o
después de la visita a los jardines, nos dirigimos a refrescarnos en la
Fuente de los Ocho Caños, que en realidad son nueve, pues al tener dos
caras, uno de los caños está en la parte opuesta. Es la única antigua que se
conserva en Ronda y por su tipismo es querida por los rondeños de una forma
singular. El escudo que aparece grabado es el de la ciudad de Ronda. Las
inscripciones dan fe de su construcción, que vienen a decir que su origen es
del reinado de Felipe V (antes de 1.746 fecha de su muerte), nombrando al
corregidor rondeño y diputados de la época.
De las dos
caras de la fuente, una servía para el llenado de cántaros con el agua que
se utilizaba en las casas, acto que, a veces, realizan hoy algunas personas
y que pone una nota de tipismo; la segunda cara, con un solo caño (desagüe
de los anteriores), llena el pilar que servía (y sirve con frecuencia) de
abrevadero para las bestias.
IGLESIA DE PADRE JESÚS
Esta Parroquia
de Padre Jesús, fue la antigua de Santa Cecilia y la más antigua del
Mercadillo, siendo construida en los primeros tiempos de la dominación
cristiana tras la reconquista. Si remontamos nuestra imaginación a una etapa
anterior a la construcción del gran Puente Nuevo, vemos que los rondeños
estaban divididos por la frontera del Tajo; para comunicarse ambas
poblaciones tenían que hacer un larguísimo recorrido, y si debían asistir a
las funciones religiosas, el único templo que había en la parte del
Mercadillo era esta Iglesia, por lo que soportaba toda la afluencia de esta
zona de Ronda.
Tiene esta
Iglesia una portada de sillería, que porta el acceso de entrada a través de
un arco de medio punto; luego se eleva hasta formar torre, o espadaña, con
tres huecos frontales para las campanas, más los laterales y traseros. El
resto de la fachada es de mampostería, blanqueada en derredor, dejando
resaltar la piedra de la portada.
Su interior
está formado por una ancha nave central y dos laterales separadas por arcos
adornados con trabajos en yeso. En su primera etapa, antes de sufrir la
reforma en 1.769, tenía un techo mudéjar del que solo queda una pequeña
parte, testigo de lo que fue en su mejor tiempo. También conserva el coro,
que luce la muestra mudéjar a la que hacemos referencia.
Aquí se venera
la Imagen de Nuestro Padre Jesús, un Nazareno con la Cruz sobre el hombro
izquierdo, que tiene la devoción de los rondeños.
IGLESIA RUPESTRE DE LA OSCURIDAD
En la parte
trasera de la Parroquia del Espíritu Santo se alza el Barrio de la Peñas,
construido sobre una antigua ladera, como se puede apreciar por sus
empinadas calles. Aquí se ubica la Iglesia Rupestre de la Oscuridad, nombre
que recibe del lugar; es la segunda de Ronda, pues la primera, recordemos,
está en la parte de poniente, al otro lado del Tajo, con la ermita de la
Virgen de la Cabeza.
Esta Iglesia
mozárabe no está disponible para las visitas turísticas, pues es propiedad y
uso particular.
POSADA DE LAS ÁNIMAS
Un poco más arriba está la antigua Posada de las Ánimas, donde
se hospedó
Miguel de Cervantes en su visita a Ronda, cuando era recaudador
de impuestos.
Este edificio ha sido
reconstruido y solo queda de él parte de su primitivo aspecto exterior.
En la actualidad está
destinado a Hogar del Pensionista, estando su interior adaptado a las nuevas
necesidades y modernas instalaciones.
ARCO DE FELIPE V
Hemos reseñado la Iglesia Rupestre de la Oscuridad y la Posada de la Ánimas
para que el interesado visitante tenga noticias de su existencia. Nosotros
vamos a continuar
nuestro recorrido, partiendo de la Parroquia de Padre
Jesús, volviendo al puente que tenemos enfrente y que abandonamos antes de
visitar los Jardines de Cuenca. Aquí se nos ofrece una empinada cuesta que
debemos subir.
Pasamos por
debajo del Arco de Felipe V, construido en el año 1.742, que es la puerta
que nos abre el camino para llegar, de nuevo, desde este punto a La Ciudad,
o “casco antiguo”. Conforme avanzamos, seguimos descubriendo nuevas vistas,
siempre con diferentes perspectivas, de Ronda y su entorno. El camino se
revuelve casi 360 grados para aliviar la pina calle. A la derecha la piedra
se quiebra, tallada en asiento, quizás para el descanso y meditación del
cansado visitante ante tanta belleza: es el llamado Sillón de Moro. Seguimos
ascendiendo y nos situamos en una breve terraza, que sirve de mirador para
contemplar otra panorámica digna de enmarcarse.
PALACIO DE LOS MARQUESES DE SALVATIERRA
Continuando
nuestro empinado recorrido, descubrimos el Palacio del Marqueses de
Salvatierra, cuya entrada está en una pequeña plaza que se recorta con una
balconada de hierro; preside la placita una columna de piedra que soporta
una cruz del mismo material.
La portada de
sillería, realizada en 1.798, es cuadrada con un dintel encima. A ambos
lados tiene dos pares de columnas que parecen soportar un bellísimo balcón
adornado con forja rondeña. El cuadro de la entrada del balcón se adorna con
bonito trabajo de talla sobre la piedra; a los lados podemos admirar un
detalle curioso: dos pares de niños indios, dos a cada lado, que denuncian
la influencia americana. Corona la portada el escudo de Vasco Martín de
Salvatierra, recordando que el primitivo edificio fue de su propiedad
gracias a los repartimientos de los Reyes Católicos, pues luego sufrió
algunas reformas, como la construcción de la portada.
Franqueando la
puerta de entrada llegamos a un patio que distribuye las dependencias
interiores; alrededor existe un conjunto de arcos soportados por columnas de
piedra A un lado del patio hay un pozo con brocal de piedra con un arco de
hierro para sustentar la carrucha. Sobre cada arco existe un balcón de las
dependencias del piso superior, al que se accede por una escalera que parte
del mismo patio.
Aunque es de
propiedad privada, puede ser visitado por en su conjunto. Está ubicado en la
esquina de las calles del Marqués de Salvatierra y de Santo Domingo, que es
la dirección que tomaremos tras esta visita.
CASA DEL REY MORO
A poco de
continuar nuestro recorrido, a la derecha, nos encontramos con la Casa del
Rey Moro; así es como la llaman los rondeños, pero no es cierto que
perteneciera a ningún rey, aunque su origen fuera árabe, lo que queda de
ella es una escalera labrada en el interior de la roca que baja hasta la
profundidad del Tajo.
El edificio
está fechado en el siglo XVIII y en su construcción se hicieron múltiples
habitaciones con anárquica distribución. Su penúltima propietaria, Carmen
Hernández, utilizaba la casa como almacén de antigüedades, pues a la compra
y venta de estos enseres se dedicaba, por lo que el mobiliario cambiaba con
frecuencia la decoración interior. La última reforma la acaba de hacer el
actual propietario, que ha instalado un restaurante en su interior.
Posee la Casa
del Rey Moro unos bonitos jardines que dan al borde de la garganta del Tajo.
Pero lo más
importante de este edificio es la escalera labrada en el interior de la
piedra, con más de trescientos escalones, que baja hasta el fondo del Tajo,
que proviene de la época árabe. En sus estancias se acomodaba una guarnición
que vigilaba a los prisioneros cristianos que allí realizaban trabajos
forzados.
La historia de
estos cautivos bien merece resumirse: los prisioneros cristianos en manos de
los árabes rondeños, se veían obligados a transportar el agua del fondo de
Tajo, dentro de zaques de cuero (odres), hasta el algibe del castillo,
bajando una y otra vez hasta el fondo de la Mina. En una parte de la
escalera, se puede observar una cruz hundida en la piedra; es obra de un
cristiano cautivo que, cuando por allí pasaba cargado con el agua, marcaba
con su dedo la Cruz de Cristo, hasta conseguir el rebaje de la piedra. El
trabajo forzado que se veían sujetos los cautivos cristianos era tan
horrendo que, en la zona cristiana de la Reconquista, se utilizaba una
maldición (que ha llegado a nuestros días), cuya frase dice: ”En Ronda te
veas acarreando zaques”.
CASA DE DON BOSCO
A la salida de
la llamada “Casa del Rey Moro”, continuamos el recorrido hacia la derecha, o
sea, subiendo la calle en cuesta, hasta llegar, de nuevo a la encrucijada
del Convento de Santo Domingo con la calle Armiñán. Buscaremos, enfrente,
una calle llamada Tenorio, que es la que vamos a visitar; es una calle
estrecha que nos conduce a otros lugares de mucho interés del “casco
antiguo”. Al llegar a una pequeña placita, seguimos el paseo hacia poniente.
En la acera derecha está la Casa de Don Bosco. Es una antigua casa enclavada
al borde del Tajo, donde tiene su residencia la Congregación de Salesianos.
Pude ser visitada interiormente y, aparte de algunas dependencias, no
privadas, del edificio, lo más llamativo son los jardines que se dibujan al
filo del Tajo, donde se puede apreciar otra perspectiva de la garganta
natural de Ronda, a la salida del Guadalevín tras pasar debajo del Puente
Nuevo.
PLAZA DEL CAMPILLO
De nuevo en la
calle, continuamos caminando hasta llegar, a escasos metros a la
Plaza del
Campillo; un monumento a San Juan Bosco, nos delata que estamos en este
lugar. Es una plaza ajardinada, con algunos bancos para el descanso, una
fuente y balcones con defensas de hierro, que nos asoman al fondo del Tajo.
Si nos fijamos
con atención en el panorama que se nos ofrece, podemos apreciar las ruinas
de la vieja muralla que defendía la parte de poniente, accesible a la Ciudad
de Ronda; siguiéndola visualmente, remata la línea amurallada un arco, o
vieja puerta, por la que podían llegar los rondeños a interior de la Ciudad:
Puerta del Cristo.
Mirando desde
la balconada, apreciamos cómo un camino que parte desde la plaza a través de
unas toscas escaleras, serpentea en inclinado descenso. Este camino nos
lleva a dos lugares: una hacia la Puerta del Cristo y los restos de la
antigua muralla. También, solicitando permiso en la primera casa rural que
encontramos que es de propiedad privada, al fondo del Tajo, justo debajo del
Puente Nuevo; el camino está labrado en la ladera, casi vertical, de la
pared del abismo por donde también discurre una vieja acequia que transporta
el agua recogida en la pequeña presa situada antes de pasar debajo del
Puente. Puede parecernos, desde arriba una camino peligroso, dadas las
características del terreno, pero es muy seguro si se lleva el mínimo de
precaución y si estamos en buenas condiciones físicas. Tengamos en cuenta
que tras la bajada debemos volver por el mismo camino y la cuesta es de
respetable envergadura, lo que significa un gran sobreesfuerzo para nuestro
cansado cuerpo, por lo que aconsejamos apreciar el panorama desde la Plaza
del Campillo disfrutando de la panorámica que se nos ofrece.
PALACIO DE MONDRAGÓN
Volviendo
nuestros pasos desde la balconada, descubrimos una estrecha calle, justo
enfrente de la plaza en su parte derecha. Ésta es la calle que debemos tomar
para conducir nuestros pasos a otra placita donde se sitúa el Palacio de
Mondragón.
Aquí
descubrimos su fachada de sillería de piedra, con una portada barroca y
puerta adintelada, sobre la que existe un balcón de hierro forjado y hueco
con dintel muy trabajado, sobre el que existe un escudo. Ambos huecos se
adornan con cuatro pares de columnas laterales.
Proviene este
edificio de la época árabe donde, la que, al parecer, fue residencia de
Hamed el Zegrí, último alcalde musulmán. Al contemplar su fachada, las dos
torres laterales, que son miradores, delatan pinceladas de su origen; su
interior lo confirma.
Cuando Fernando
el Católico reconquistó Ronda para los cristianos, se hospedó en este
palacio. Posteriormente, tras la primera rebelión de los moriscos, fueron
ambos reyes, Isabel y Fernando, quienes lo tuvieron como residencia en su
estancia en Ronda.
Toma el palacio
el nombre de Mondragón, cuando Felipe II lo donó al capitán Melchor de
Mondragón, en 1.569. Con posterioridad ha sido propiedad de varias familias
rondeñas y, en la actualidad, es propiedad municipal. En su última etapa ha
sido rehabilitado y convertida en museo una buena parte de su estructura. El
museo es arqueológico donde se conservan piezas de interesante valor,
presentas al visitante con singularidad, pues se recrean situaciones
perdidas en el tiempo con auténtico realismo.
Varios patios
interiores dan luz natural a las dependencias, con un jardín final que se
sitúa al borde del Tajo. Puertas, techos, galerías, frisos, yeserías,
artesonados, etc. nos transportan a épocas de mayor esplendor. Aconsejamos
su visita como una de las más importantes a la Ciudad, pues descubriremos la
magia de su contenido y descubriremos los diferentes estilos arquitectónicos
que lo forman.
PLAZA DE LA DUQUESA DE PARCENT
Al abandonar la
visita al Palacio de Mondragón, tomamos hacia la derecha; vemos al final de
la placita una larga y estrecha calle que desemboca en la Plaza de la
Duquesa de Parcent. Allí nos dirigimos.
La plaza está
toda ajardinada y rodeada de rancios edificios que describiremos a lo largo
de nuestro paseo. Existe en su subsuelo el algibe que servía al Castillo del
Laurel y que llenaban los cautivos cristianos con los zaques que llenaban en
el fondo del Tajo tras subir las escaleras de la Casa del Rey Moro. Este
algibe está por descubrir y restaurar, si fuera posible, si se realizara un
estudio arqueológico.
En este lugar se realizaban juegos de toros, antes de la construcción de la
actual Plaza por la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Otros lugares
donde se realizaban juegos de toros, recordemos, fueron la Plaza de San
Francisco y la Plaza de la Fuente de los Ocho Caños.
En la
actualidad, los edificios que contiene la Plaza de la Duquesa de Parcent,
son: Convento de Santa Isabel de los Ángeles, Convento de las Hermanas de la
Cruz, Santuario de María Auxiliadores y Colegio Salesiano, Ayuntamiento de
Ronda y Parroquia de Santa María la Mayor.
CONVENTO DE SANTA ISABEL DE LOS ÁNGELES
El Convento de
Santa Isabel de los Ángeles, que alberga a la Comunidad de Clarisas (monjas
de clausura), se construyó en 1.540 sobre los terrenos que, en tiempos de
los árabes, estaba la cárcel. Ha sufrido varias reformas, haciendo constar
las realizadas en 1.689 y 1.868, según consta en las inscripciones
correspondientes. En la Guerra Civil (1.936) quedó destruido, tras la cual
se volvió a rehabilitar.
La iglesia del
convento tiene una portada de piedra con un arco de medio punto y el escudo
franciscano; también podemos apreciar una hornacina, similar a muchas
fachadas de conventos de la Orden de Santa Clara. Toda su fachada está
blanqueada, aunque, en una reciente reforma, se han dejado ver detalles de
ladrillo visto.
Entre la
portada y la calle existe un pequeño patio, con la casa destinada a la
santera, al que se accede por una verja.
Resalta la
torre cuadrada en su parte más alta, con esquinas achaflanadas, que se
alinea con la fachada exterior; tiene cuatro huecos para campanas y está
cubierta con teja árabe.
El convento
tiene su entrada por una puerta con dintel, ajena a la iglesia y separada
varios metros, donde podemos apreciar un portal adornado con motivos
religiosos. El lugar del antiguo torno está sustituido por una reja que nos
separa de la clausura, donde podemos contactar con las monjas, que se
dedican la encuadernación de libros. Su economía es muy pobre, recibiendo de
los rondeños limosnas para su sustento, algunas de ellas tradicionales, como
el regalo de huevos para que pidan por los novios ante la proximidad de una
boda y para que el buen tiempo acompañe a los invitados a la boda.
En la Iglesia
se venera la Imagen de San Nicolás que recibe, todos los lunes, la visita de
múltiples rondeños para pedir al Santo sus favores y agradecer los
concedidos.
Los días
festivos celebra la Santa Misa a las 10 y media de la mañana.
CONVENTO DE LA CARIDAD
El Convento de
la Caridad es la actual residencia de las Hermanas de la Cruz, Orden
religiosa fundada por Santa Ángela de la Cruz (Sor Ángela).
Su fachada
ofrece dos entradas al edificio, una a la pequeña iglesia u otra, a través
de un zaguán, a las dependencias de las monjas. No posee torre ni espadaña
exterior.
El solar donde
se ubica la edificación fue un cementerio, en el siglo XVI, para difuntos
anónimos y ajusticiados, que contaba con una pequeña ermita. Con
posterioridad, a finales del siglo XIX, se instaló una escuela, que con el
paso de los años, principios del siglo XX, derivó en Escuela de Artes y
Oficios. Por fin, las Hermanas de la Cruz, que tenían convento abierto en
otro lugar de la Ciudad, recibieron el edificio para su ocupación que, tras
las debidas reformas, se hicieron cargo de él.
La fachada es
de ladrillo visto y la portada de piedra con un arco de medio punto, sobre
el cual existe la inscripción “La Caridad”, coronada por una hornacina.
El interior de
la pequeña iglesia se cubre por una bóveda sobre el altar mayor. Cuenta con
un coro elevado, al fondo del templo. La sacristía se sitúa en un recinto
interior al lado de la epístola. Entre otras imágenes podemos contemplar a
Santa Ángela de Cruz (Sor Ángela), fundadora de la congregación.
Estas monjas se
dedican a la formación juvenil en el colegio que se ubica en la parte
trasera del edificio, así como a cuidar enfermos o impedidos en sus hogares.
Es recomendable
visitar el Nacimiento (o Belén) que instalan las hermanas en tiempos de la
Navidad, por su exquisito gusto y delicado arte, así como en las horas de
culto para escuchar a las hermanas en sus cantos religiosos.
Los días de
fiestas celebran la Santa Misa a las 9 y media de la mañana, menos los días
2 de cada mes que lo hacen por la tarde para celebrar la fiesta de su
fundadora.
RECINTO DEL DESAPARECIDO CASTILLO
Al fondo de la
Plaza de la Duquesa de Parcent, guardado por dos puertas de hierro se
encuentra el recinto del desaparecido Castillo del Laurel. Dentro del él
existe un edificio destinado a colegio salesiano y el santuario de María
Auxiliadora. Además, en su delantera, hay un amplio espacio destinado a
aparcamiento de coches.
Situados en el
espacio interior del aparcamiento, vemos una balconada que da al Tajo por la
parte de poniente; si nos asomamos a ella, contemplamos una nueva panorámica
del barrio de San Francisco, el amplio horizonte, el camino que baja hasta
el fondo del Tajo y, lo más importante, los restos de la muralla y el
antiguo Castillo de la Ciudad, sobre los cuales se ha edificado el colegio
salesiano.
La ruina total
del Castillo fue ocasionada por la invasión francesa de Napoleón que, al
abandonar la Ciudad, destruyeron la edificación, como era costumbre en las
derrotadas tropas napoleónicas.
Es castillo, en
la época musulmana, era el centro defensivo de todo el sistema que rodeaba a
la Ciudad, bien sea por sus defensas naturales, como era el Tajo, o por el
sistema de murallas por la parte vulnerable. Para acceder a la localidad
existían varias puertas, de las cuales hemos visitado algunas; por la parte
de poniente hagamos mención de las dos que allí se encontraban: Puerta del
Viento y Puerta de los Molinos (llamada luego del Cristo)
Del algibe del
Castillo, situado bajo el jardín de la Plaza de la Duquesa de Parcent, ya
hemos hablado con anterioridad. Pero el subsuelo de este lugar no se limita
a la dominación árabe, sino que se remonta a la prehistoria de nuestra
civilización, pasando por los periodos romano o cristiano visigodo, como se
ha demostrado en cuantas excavaciones se han realizado. Valga recordar, por
ejemplo, el estudio arqueológico de la explanada del Castillo, delante de la
balconada, realizado en agosto de1.984, o el llevado a cabo a la espalda de
la Iglesia Mayor donde se confirmó la existencia de un poblado ibérico de
los siglos V y IV antes de Cristo. En la actualidad, cada obra que se
realiza en la Ciudad debe llevar un estudio arqueológico que exige el
Ayuntamiento para obtener el permiso de edificación; de esta forma se está
consiguiendo rescatar del anonimato la antiquísima historia de Ronda, que
forma parte de un todo con la comarca, como son los lugares más
emblemáticos: Acinipo con el teatro romano, las cabañas ibéricas, la Cueva
del Gato de interés arqueológico y espeleológico, la Cueva de la Pileta con
su gran colección de pinturas y esqueleto prehistóricos, e infinidad de
yacimientos que delatan la antigüedad de sus habitantes.
AYUNTAMIENTO
Es el edificio
inconfundible que aporta a la Plaza dela Duquesa de Parcent un encanto
singular, por sus múltiples arcos de piedra en los dos pisos superiores y
portada con dintel del mismo material, a cuyos lados están los escudos de
Ronda y Cuenca (ciudades hermanadas). Es Ayuntamiento desde 1.978, pues con
anterioridad a esta fecha, la Casa Consistorial se ubicaba en el lugar que
hoy ocupa el Parador de Turismo.
Antes de su
actual dedicación fue Cuartel de Milicias en diferentes etapas, Alhóndiga,
Pósito o viviendas, entre otros destinos. Los historiadores locales remontan
el origen de este edificio a la mitad del siglo XVII; aquí existían unas
edificaciones bajo soportales, destinadas al comercio, para ser luego
Cuartel de Milicias para los Regimientos Provinciales, en la primera mitad
del siglo XVIII. También en el siglo XIX sufrió reformas, sin olvidar las
del siglo XX que terminaron con su aspecto actual.
En su interior,
aunque muy modernizado, se puede observar la vieja infraestructura de arcos,
sobre todo en el Salón de Plenos o en los sótanos. Algunos detalles del
mobiliario son de interés para nativos y foráneos.
SANTA MARÍA LA MAYOR
Remata la plaza
la edificación más importante del contorno: la Colegiata de Santa María de
la Encarnación la Mayor.
El lugar que
ocupa se destinó siempre a actividades religiosas, pues, por orden
regresivo, anotamos que es templo católico, fue mezquita árabe, quizás
templo cristiano visigodo (paréntesis en el tiempo sin localizar) y templo
romano.
De su origen
como templo romano sabemos por la lápida encontrada con una inscripción
dedicada a Julio César. Esta placa no está expuesta al público, pero se
conserva en un subterráneo de templo.
De su posible
cometido cristiano, en época visigoda, no se tienen noticias, pero nos
aventuramos a catalogarlo, dado que el periodo existente entre los romanos y
los árabes está vacío de documentación, pero su destino a lo largo de su
historia religiosa así parece indicarlo.
De su actividad
islámica, como mezquita, se tienen algunas muestras, como son los pequeños
relieves que descubrimos al entrar por la pequeña puerta que está bajo la
torre, o parte del mihrab situado en un escondido lugar de la sacristía.
De su actual
actividad católica tenemos noticias de su construcción tras la Reconquista
de Fernando el Católico en 1.485, con la categoría de Abadía; luego fue
iglesia colegial, quedando reducida su categoría, en 1.851, a Parroquia.
Toda la
construcción es de piedra de cantería. Su planta, dividida en tres naves, es
muy extensa, aunque su espacio diáfano está limitado por su parte central
donde se sitúa el coro y su completa sillería tallada con esmerados detalles
y el facistol de cuatro caras. El órgano, también tallado en madera, está
vació pues los instrumentos musicales desaparecieron en una época pasada. En
su lugar se instaló, a finales del siglo XX, una moderna megafonía, cuya
sonoridad musical, por su estudiada acústica, reemplaza al desaparecido
instrumento, aportando unos matices musicales inigualables.
Destaca la
elevada bóveda central que porta en las pechinas a los cuatro evangelistas y
el altar Mayor en plata repujada y su retablo que le dan aire catedralicio.
En los laterales se descubren varias capillas dedicadas.
En el año 1.580
se derrumbó la parte trasera de la iglesia a causa de un terremoto,
apreciándose su reconstrucción y ensanche en la conformación de la fachada
norte. En la fachada opuesta se abren dos galerías, superpuestas en dos
pisos, con columnas de piedra y techos de madera; los bajos, abiertos a la
plaza, son porticados con columnas y arcos que, hasta hace pocos años,
permanecían ocultos, siendo descubiertos y rehabilitados.
La torre, de
ladrillo visto, es cuadrada en sus dos primeros tramos desde la base. En el
primero está la pequeña puerta que da a la sacristía y vivienda del
sacristán, con subida al reloj y las campanas; exteriormente hay un arco de
medio punto y, encima un largo balcón de hierro, con dos huecos por los que
se accede a él; encima de este balcón se abre otro más pequeño y,
superpuesto a éste, aparece la esfera del reloj, cuya moderna maquinaria ha
sustituido a la antigua de cuerdas, situada en el tramo de escaleras de
subida a las campanas. En la visión exterior de la torre observamos cómo la
parte cuadrada se rompe en octogonal para formar el campanario de ocho
huecos para las campanas; esta parte de la torre se remata con motivos
góticos adornados en sus ángulos con pirámides terminadas en bolas. Se
remata la torre con un cuarto cuerpo octogonal, pero de menores dimensiones,
bellamente adornada con cerámica vidriada, que termina en una pequeña cúpula
con los mismos adornos piramidales mirando al cielo.
Tiene el templo
varias portadas, dos por la parte antigua y dos por la parte nueva. Aunque
la iglesia es Parroquia abierta al culto, solo abre sus puertas a las horas
destinadas a su fin. Para visitas de interés cultural o turístico tiene su
acceso en la pequeña puerta que da a la Plaza de la Duquesa de Parcent,
previo pago de una cantidad económica.
Abandonamos el
lugar, para continuar nuestro recorrido por la parte trasera de Santa María
la Mayor, en dirección contraria a la Plaza de la Duquesa de Parcent.
CASA DEL GIGANTE
Son calles
estrechas con el trazado de la vieja Ciudad, por las que difícilmente cabe
un coche. Nuestro paseo discurre por esta zona entre antiguos callejones,
entre edificios antiguos que nos aportan tranquilidad y sosiego en el
apartado bullicio de la zona comercial de Ronda.
Al final de la
estrecha calle aparece una reducida plaza en la encrucijada de tres calles
típicas rondeñas. El edificio de la derecha es conocido por los nativos como
“La Casa del Gigante” porque en su fachada aparece una piedra tallada con
una grotesca imagen humana. Es un pequeño palacio de la época árabe que
conserva diversos motivos originales, como arcos, artesonados o estucados de
la etapa nazarí. Su conservación ha sido muy mala al haber pertenecido a
diversos propietarios; en la actualidad ha pasado a propiedad municipal y
está en fase de rehabilitación con el fin de que no pierda su valor
arquitectónico e histórico, al ser la única casa de Ronda con gran riqueza
cultural desde sus orígenes.
Tras su paso,
continuamos por la calle de la derecha: vemos, a la izquierda, la fachada
del Hotel San Gabriel que, al llegar a la esquina, bordeamos para tomar la
calle de la izquierda. En su mitad, otra placita donde nos vamos a detener.
SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LA PAZ
(PATRONA DE RONDA)
En esta
placita, que preside la estatua de Fray Diego José de Cádiz, está el Santuario de la Virgen de la Paz, Patrona de Ronda. Sobre la personalidad de Fray Diego, diremos que fue un misionero gaditano que, llegado a Ronda,
desarrolló una especial devoción hacia la Virgen de la Paz, hasta el punto
de que pidió ser enterrado, a su muerte, debajo de la Imagen. Murió en la
casa que hay enfrente del Santuario y, respetando sus deseos, sus restos
están depositados en una urna de plata a los pies de la Virgen de la Paz;
cuando Ésta sale en procesión por las calles de Ronda, siempre se ve
acompañada por la urna con los restos del fraile.
La pequeña
fachada es de mampostería con una original decoración y está adosada al
colegio religioso regido por la Comunidad de las Esclavas. La portada es de
piedra, con arco de medio punto. Una gran ventana cuadrada se abre sobre la
portada y entre ésta y la portada observamos un escudo nobiliario. En un
lateral del tejado se alza una espadaña con dos arcos, uno frontal con
campana y otro lateral, con un gracioso remate.
El interior del
templo, que no es muy grande, está formado por una sola nave cubierta por
una bóveda de cañón. Sobre el presbiterio hay un gran arco. Todo el templo
está cargado de decoración donde podemos apreciar algunas capillas
interesantes.
La sacristía se
sitúa a la izquierda del presbiterio. Una puerta lateral derecha da paso al
colegio convento de las Esclavas, que es la comunidad religiosa que atiende
al santuario.
La Imagen de la
Virgen de la Paz preside el templo desde un camarín situado sobre el Altar
Mayor.
Aquí
finalizamos la visita turística al “casco antiguo” de la Ciudad. Abandonamos
el lugar continuando el recorrido en la misma dirección que traíamos, para
salir, por la calle Tenorio (a la derecha) hasta la calle Armiñán; luego
pasaremos por el Puente Nuevo, calle San Carlos, para llegar, por la acera
de la derecha, a la oficina de UNICAJA (antigua oficina principal de la
desaparecida Caja de Ahorros de Ronda) donde comienza la Calle de la Bola.
CALLE DE LA BOLA
La popularmente
conocida Calle de la Bola, o Carrera Espinel, es el centro comercial de la
Ciudad. Es totalmente peatonal y, en ella, se pueden encontrar
establecimientos comerciales de todo tipo; además, en ciertas edificaciones
que vamos descubriendo a nuestro paso, se pueden admirar algunos detalles
como, por ejemplo, portadas de piedra, escudos y, sobre todo, balcones y
rejas de forja rondeña.
Pasado el
primer tramo de la calle, a la izquierda se abre la Plaza del Socorro, que
es peatonal. En el subsuelo existe un gran aparcamiento de coches. En el
centro se instala una fuente con el grupo escultórico del Escudo de
Andalucía; no olvidemos que fue en Ronda donde la Bandera Andaluza (blanca y
verde) fue elegida para Andalucía por la Asamblea Andalucista de Ronda en
1.918.
Al fondo de la
plaza está el edificio del Casino de Ronda, llamado Círculo de
Artistas. Su
entrada está limitada a sus socios, pero en los bajos existe un bar abierto
a todos los públicos. Varios establecimientos de hostelería, con terrazas
exteriores, nos permiten tomar algún refrigerio o comer en algunos de sus
restaurantes.
En un lateral
de la plaza se alza la Parroquia del Socorro. Esta iglesia fue totalmente
destruida y quemada en la Guerra Civil de 1.936, siendo posteriormente
reconstruida en 1.956, sin poder aprovechar nada del antiguo templo, salvo
el solar. Es una de las pocas parroquias de Ronda que tiene sus puertas
abiertas en horarios fuera de culto.
Si volvemos a
la Calle de la Bola para continuar nuestro camino, al final de segundo
tramo, a la derecha encontramos la Plaza de Carmen Abela donde su ubica la
parada de taxis. Atravesamos la plaza y continuamos por la calle de
enfrente, situada en la parte izquierda, para encontrarnos en una esquina el
Templete de la Virgen de los Dolores.
TEMPLETE DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES
Se trata de una
pequeña Capilla abierta al aire libre, sin altar, más propia para la oración
al paso del caminante. El techo, sujeto por columnas, está cubierto por un
tejadillo a tres aguas.
En su interior
tiene una hornacina con balconcito para la Imagen de la Virgen de los
Dolores y un escueto retablo de madera. Se adorna con un medallón y una
inscripción que data de 1.734 en el reinado de Fernando IV.
Las columnas
que soportan el tejadillo tienen talladas figuras humanas, algunas parecen
representar a hombres ahorcados; por esto que existe la falsa creencia en
Ronda de que, en este lugar, se llevaban a cabo las ejecuciones de la
Inquisición, aunque nada tiene de cierto pues en esta Ciudad jamás estuvo el
Tribunal del Santo Oficio. Quede, por tanto, contada la leyenda popular, que
no-escrita ni documentada, de la macabra creencia.
Desde este
lugar, calle arriba, divisamos otra iglesia de Ronda, a la que nos vamos a
dirigir.
PARROQUIA DE SANTA CECILIA (DE LOS
DESCALZOS)
Esta iglesia se
sitúa en la Plaza de los Descalzos; tiene dos portadas: una es la situada en
la plaza, la segunda y principal se encuentra en el lateral izquierdo, a la
que se accede por una pequeña explanada (atrio) rodeada de una gran verja
con puerta.
La fachada
principal, toda de piedra, tiene una bonita portada con arco de medio punto,
sobre el cual aparece un Escudo. Encima se abre una ventana, que hace juego
con
la puerta pero de menores dimensiones, con el Escudo Trinitario
superpuesto. Puerta y ventana tiene a sus lados dos pares de columnas.
La edificación
formaba parte de un todo, templo y convento, que construyeron la Comunicad
de Trinitarios Descalzos en su estancia en Ronda en 1.664; de ahí que los
rondeños denominen todavía a la Parroquia de Santa Cecilia como “Los
Descalzos”.
El estado
ruinoso que ha presentado en diferentes ocasiones provocó que se hicieran
varias restauraciones a lo largo de los siglos XIX y XX, siendo la última en
1.999, abriéndose al culto el día 12 de diciembre de ese año, pues antes de
las obras representaba un gran peligro para los fieles que asistían a los
actos religiosos, por lo que se tuvo que cerrar al culto. Gracias a una
comisión formada por seglares se consiguió realizar la restauración
interior, tejado y campanas, estando en la actualidad al servicio
parroquial.
Su planta tiene
forma de cruz y tiene tres naves separadas por arcos y columnas muy gruesos
que dificultan la visión de los fieles con respecto al Altar Mayor; para
corregir el problema, en la última restauración se instaló un sistema de
televisión cerrada.
Sobre la puerta
de entrada hay un coro de madera que está sin reformar. Sobre las naves
laterales, encima de los arcos, existen unos balcones cerrados con celosías.
La nave central
se cubre con una bóveda de cañón, donde aparece una yesería con el Escudo
Trinitario, que nos recuerda el origen del edificio.
Sobre el Altar
Mayor hay un camarín con la Imagen de Santa Cecilia, titular de la
Parroquia. En el subsuelo existe una cripta con enterramientos que aún no ha
sido abierta para su estudio; su posible acceso está en el suelo del mismo
templo.
La sacristía y
otras dependencias se encuentran a la izquierda del presbiterio, comunicadas
con la entrada al antiguo convento por la puerta principal, o a la calle
posterior del edificio (calle Granada), a través de dos pequeños patios.
FINAL
Si
abandonamos la visita a Santa Cecilia por la puerta principal, enfrente
vemos una pequeña calle que, en su primer tramo, se cruza con la parte alta
de la Calle de la Bola. En este punto podemos tomar varias direcciones;
aconsejamos bajar por la calle peatonal para comprar algunos recuerdos en el
establecimiento oportuno, hasta llegar a su final. Luego giraremos a la
derecha y subiremos la calle San Carlos y Jerez, para terminar donde
comenzamos: en el Hotel Reina Victoria.
José Miguel
Herreros Vela
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